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Sociedad

Los 10 puntos claves de lo que pasó hasta ahora en el caso Fernando Báez Sosa

Con la jornada número 13 de este miércoles, el mismo día que se cumplieron tres años del crimen, se cerró la etapa probatoria. La estrategia de la defensa y los cinco rugbiers que hablaron. La querella y su único pedido: perpetua.

Fernando Báez Sosa tenía 18 años cuando fue asesinado a golpes y patadas a la salida del boliche Le Brique en Villa Gesell. Hijo único, vivía en Recoleta con sus padres, Silvino y Graciela, y estaba de vacaciones con amigos y su novia, Julieta.

Este miércoles, el día exacto en el que se cumplieron tres años de esa noche fatal, terminó la etapa probatoria del juicio contra los ocho acusados. El desenlace cada vez está más cerca y el juicio oral mantiene en vilo al país.

A pocos días del veredicto, que sería el 31 de enero aunque podría demorarse unos días, y antes de que el próximo miércoles arranquen los alegatos de la Fiscalía y de Fernando Burlando, del lado de familia de la víctima, y luego, el jueves 26, Hugo Tomei presente su defensa; estas son 10 claves de todo lo que se dijo, se vivió y se vio en esa sala del Tribunal de Dolores.

Los acusados son Máximo Thomsen, de 23; Luciano Pertossi, de 21; Ciro Pertossi, de 22; Lucas Pertossi, de 23; Ayrton Viollaz, de 23; Enzo Comelli, de 22; Matías Benicelli, de 23, y Blas Cinalli, de 21. Están imputados por "homicidio doblemente agravado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas", delito que tiene una pena de prisión perpetua.

1- Máximo Thomsen habló por primera vez

El punto hacia el que va el fiscal Juan Manuel Dávila quedó claro desde la primera audiencia. Que los imputados atacaron a Fernando "por sorpresa" y que aprovecharon que "estaba de espalda, provocando que caiga".

Tomei, el abogado de los rugbiers, primero hizo dos planteos de nulidad para suspender el juicio, que fueron rechazados, y después apuntó a que todo fue una pelea. Pero el misterio de la defensa ronda en qué punto exacto se basará el alegato. Porque los rugbiers empezaron a levantar la mano para hablar.

¿Irá por un homicidio en homicidio en riña? ¿Cómo dividirá la estrategia de defensa según la participación de cada rugbier? ¿No fue por impulso y fue un acting que, de repente, hayan pedido la palabra para declarar?

El principal apuntado, Máximo Thomsen, fue el segundo rugbier en romper el silencio. “Jamás tuve intención de matar”, declaró este lunes. Lloró y pidió disculpas, pero negó ser el líder de la golpiza mortal.

Pidió la palabra después de quebrarse por la declaración de su madre, Rosalía, que contó que tiene cáncer, que vive en la angustia y que interrumpió el tratamiento para estar junto a su hijo en el juicio.

Thomsen minimizó los hechos. Dijo que fue expulsado violentamente del boliche y que había tomado mucho alcohol desde la tarde. Planteó que la muerte fue en el marco de una pelea, en la que incluso se defendió con algunas patadas tras ser golpeado.

"Quiero pedir disculpas principalmente porque jamás en la vida se me hubiera ocurrido tener intenciones de matar a alguien", dijo. Un punto clave es que no sólo se ubicó en el lugar de los hechos sino que reconoció que es el dueño de la zapatilla marca Cyclone, que dejó el rastro de su suela en la cara de la víctima.

Se cruzó con Burlando cuando se negó a declarar, al decir que no se sentía "cómodo" como para responder preguntas de alguien "que me insultó a mí y a mi familia"

Burlando, fiel a su histrionismo, ya había dicho casi todo en la primera audiencia. "Tomaron la decisión de matar y mataron". Aseguró a los jueces que desde la querella iba a lograr "demostrar que el asesinato de Fernando Báez Sosa tuvo como mecánica un asalto por ambos flancos de la víctima". Y adelantó que va por la perpetua para todos.

Su hipótesis sonó fuerte en la sala: "El crimen fue una lisa y llana ejecución. No estuvieron dispuestos a detener su accionar hasta no ver sin vida al individuo. Cada golpe aplicado tenía un destino y un fin: matar”.

También planteo un accionar casi sistemático: que no existió pelea, que los chicos son violentos, que siempre buscaban salir para hacer daño y que el grupo salía a bailar para provocar, emboscar y pegar.

2- La zapatilla, ¿prueba condenatoria?

Thomsen identificó como suya la zapatilla que dejó una impronta en el rostro de Fernando. Se trata del calzado en el que también se halló su sangre y que fue incautado en la casa que los rugbiers habían alquilado en Gesell. La impronta y la suela fueron señaladas por los peritos en el juicio.

La scopometría es la pericia que permitió saber todo sobre la zapatilla clave. María Eugenia Cariac, criminalista, brindó precisiones sobre la presunta similitud entre la zapatilla Cyclone negra con suela blanca utilizada por Thomsen y la huella en el rostro.

A su vez, declaró María Luján Elvira Molina, quien intervino en los análisis para establecer las medidas de los pies de los imputados, y Haydeé Almirón, quien fue citada para referirse a pericia scopométrica que comparó el dibujo de las suelas de los calzados secuestrados a los imputados con la huella hallada en el rostro de la víctima.

En total, 14 pares de zapatillas fueron analizados. Una coincidía con la huella en la cara de la víctima.

3- Luciano Pertossi y un silencio de 3 años

"Quiero aclarar que yo no estoy ahí, como están diciendo", sostuvo Luciano Pertossi (21). El joven ya había sido identificado por dos testigos, amigos de Fernando, pero aún no había evidencia en imágenes que lo situaran en la escena del hecho.

El momento fue un quiebre en el juicio. Los acusados no se habían expresado jamás y, aunque los imputados pueden solicitar ser escuchados en todo momento, se esperaba que alguno de ellos recién hablara sobre el final de esta primera etapa, que era el tiempo de la defensa.

El fiscal Juan Manuel Dávila preguntó enseguida, "¿Dónde estaba usted?". Pertossi respondió: "No le voy a contestar", y el fiscal, como la querella, quisieron sacarle rédito al momento inédito, pero sin suerte.

"¿Quién es el de remera negra que está detrás del auto?", insistió uno de ellos. "No se esfuerce en hacer preguntas -fue tajante el rugbier- porque no voy a contestar". Tomei dijo después a los periodistas que esa "aclaración", porque el propio Pertossi en el juicio dijo que no se trataba de una "declaración", no había sido pautada sino espontánea.

4- Ciro Pertossi y el audio que iniciaba el silencio

Ciro, el mayor de los dos hermanos Pertossi, declaró este martes que él no le dio una patada a Fernando (como indicaban en el video) y que “se frenó” cuando lo vio tirado en el piso.

“Este chico soy yo y esa patada no la hago. Cuando me doy cuenta de que el chico estaba en el piso la frené", dijo señalando con un puntero su imagen en la pantalla.

“¿Por qué freno la patada?”, le preguntó el fiscal Gustavo García. “No voy a contestar, ya respondí eso”, replicó Ciro. Luego, se proyectó otro video, el que grabó su primo Lucas, también imputado. Y se negó a responder si fue su primo quien lo había grabado.

Otro punto fuerte de su breve exposición fue cuando se vio obligado a referirse al audio que tras el ataque les envió a sus amigos a través del grupo de WhatsApp “Los Boca3″, en el que se lo escucha decir: “Chicos, no se cuenta nada de esto a nadie”. Dijo que no quería que sus padres se enteraran en Zárate que él había participado de una pelea en Gesell.

Ciro Pertossi fue el tercero de los rugbiers que pidió hablar.

5- Lucas Pertossi y Cinalli, otras voces

"En un abrir y cerrar de ojos hay un tumulto de gente, como un círculo en el medio de la pista. Veo a un patovica que toma a un amigo, lo saca del cuello y escucho que dicen 'a este sacalo por la cocina que lo cagamos a palo'", contó Lucas Pertossi (23).

"Saqué mi celular y empecé a grabar la situación. A mí no me sacaron, no sabían quién era. Salgo por mis propios medios. Cuando salimos afueras lo tiran al piso al amigo que estaban sacando. Nos dicen 'salgan, circulen, circulen", agregó. En su relato, contó que tras el ataque a Fernando, habló con un chico que no conocía y señaló que él le dijo: "Lo único que vi es una pelea en Le Brique y que le pegaron a uno, que caducó". Luego él fue quien envió el audio usando esa palabra, que quedó registrado en los chats que se usaron en el juicio.

"Estoy muy mal por lo que pasó, estuve con tratamiento psicológico, psiquiatra, medicación. Nos hizo muy mal esto. Siento mucha pena por todo lo que pasó. Nunca le pegué a Fernando Báez Sosa, no lo toqué, no participé del plan de asesinato de matar a alguien: solo fui de vacaciones", cerró Pertossi.

Por su parte, Blas Cinalli empezó de una forma diferente al resto de los rugbiers que hablaron. "Quiero empezar diciendo que lamento mucho todo lo que pasó, fue una tragedia terrible. Falleció un chico de mi misma edad. Duele mucho, no lo puedo creer. No hubo plan ni planificación, nada", remarcó.

Dijo que vio a un amigo al que agarraban de la cintura y del pie. "Le dije que lo suelte, me agarra a mí. No lo podía zafar. Cuando lo logro, le pego una patada. Por las pericias que pude ver, dicen que Fernando (Báez Sosa) tenía sangre mía en el meñique. Nunca le pegué, supongo que la persona que crucé en el boliche habrá sido él".

Tanto Pertossi como Cinalli dieron su versión de lo que vieron durante la pelea. Este último, por ejemplo, contó que a él no le pegaron, "pero vi que le estaban pegando a un amigo y me acerqué, lo estaban por tirar al piso". En ambos testimonios los acusados se refirieron a los otros rugbiers como "amigos" sin precisar a quién se referían.

El fiscal Dávila le pidió a Blas Cinalli que se señale en el video donde golpean desde atrás a Fernando, y se ubicó al lado de la víctima, en la escena del crimen.

6- Los padres del dolor y los amigos golpeados

Graciela Sosa y Silvino Báez hablaron desde el primer día del juicio, cuando lo hicieron como testigos. "Ellos no están arrepentidos", dijo la mamá de la víctima, tras mirar a los rugbiers.

Silvino, el papá, contó lo que sintió al reconocer el cuerpo. "Fue duro porque parte de mi estaba tirado en esa bandeja de acero inoxidable, toda reventada la cabeza y chorreando sangre por todos lados", dijo atravesado por el llanto.

Nueve amigos de Fernando que estuvieron con él el 18 de enero de 2020 declararon en la segunda jornada del juicio. Dieron a conocer detalles sobre esa noche fatídica e identificaron a quienes se convirtieron en los imputados más complicados en la causa.

Lucas Filardi (21) aseguró que pidió "por favor" a los rugbiers que pararan con la golpiza. "Recuerdo que eran seis, siete de un lado, porque había tres o cuatro pegándole a Fernando. Y un par como invitándonos a nosotros. Primeramente fueron piñas las que lo hacen caer, alguna para tirarlo, y después creo que principalmente patadas", sostuvo.

Identificó a Lucas Pertossi como el rugbier que le pegó durante el ataque. Durante la presentación, la fiscalía le mostró varios videos. "El golpe a Fernando fue firme, muy fuerte en la cara, sin aviso previo, una piña repentina", afirmó. Y dijo que los agresores se arengaban entre ellos mientras golpeaban a Fernando en el suelo. "Dale, dale, vamos a pegarle", se arengaban.

Otro de los amigos de Fernando en declarar fue Juan Bautista Besuzzo (21), quien señaló directamente a Thomsen como quien pateó a Báez Sosa cuando estaba en el suelo.

Era "Máximo Thomsen, que le daba patadas en la mandíbula (se señala la cara). Realmente no puedo especificar cuántas personas eran. La sensación es que el ataque fue hacia Fernando", señaló.

Tomás D'Alessandro Gallo, por su parte, remarcó el momento en el que los rugbiers se acercaron para agredirlo a él, dentro del boliche. Dijo que fue al VIP con Fernando y dos amigos más y que en un momento se distrajo y recibió tres trompadas de uno de los imputados.

7- Pablo Ventura, el sospechoso imperfecto

Pablo Ventura (24) tuvo que esperar tres años para enterarse finalmente cuál de los rugbiers lo señaló falsamente ante la Policía como el dueño de la zapatilla ensangrentada. Pero aún no sabe por qué Máximo Thomsen lo culpó.

Ventura no estaba en la escena del crimen a la hora del crimen. Ni siquiera había estado cerca del boliche Le Brique. Ni en Villa Gesell. Una cámara de seguridad lo registró cenando con su familia a kilómetros de ahí, en Zárate, donde vive. Pero sólo porque Thomsen lo mencionó mientras detenían a los rugbiers en Gesell, policías fueron a buscalo y estuvo detenido cuatro días.

En la quinta jornada del juicio la revelación partió del policía Mariano Vivas, quien contó que fue Thomsen el rugbier que "marcó" a Ventura como el asesino de Fernando. "Quiero saber quién fue", había dicho el remero en la tercera jornada del juicio.

Ventura nunca conoció a Fernando y solo “de vista” al grupo de rugbiers que en el jucio volvió a tener cerca y, según dijo a la salida de su declaración como testigo, no lo pudieron "ni mirar a los ojos". Por su detención "injustificada" le inició una demanda al Estado y aseguró a Clarín que no le hará juicio también a Thomsen.

8- Los padres de los rugbiers

Desde que ocurrió la muerte, a los padres y madres de los ocho rugbiers se les marcó el hecho de no manifestar públicamente señales de disculpas hacia los papás de Fernando por el accionar de sus hijos.

Pero, durante el jucio, empezaron a hablar.

"Yo no soy ninguna puta", dijo este martes María Alejandra Guillén, mamá de Enzo Comelli (22). Se refirió a los insultos de Burlando, "¿de qué se ríen, hijos de puta?", luego de que circulara la versión de que los acusados se habían reído durante la declaración del testigo Pablo Ventura.

Héctor Eduardo Benicelli, padre de Matías Benicelli (23) también lloró en parte de su testimonio de este martes. Allí comentó que "fueron tres años con mucho dolor". Luego completó: "Nunca imaginé pasar una situación así. No sé como seguir. Escucho que nos dicen hijos de puta. No le encuentro explicación. Es terrible, un dolor terrible para todos. Quieren curar el dolor generando mas dolor".

Un rato antes había hablado Mauro Pertossi, padre de Luciano y Ciro, quien se quebró al dar testimonio. "Es una desgracia. Uno cree que las cosas están encaminadas en la vida y llega esto. No sé qué pensar. No puedo creer que estemos viviendo este momento. Mis hijos no son asesinos. Son chicos, adolescentes, vagos, como decimos en el barrio. No lo puedo creer", declaró.

Pero uno de los testimonios más sentidos fue el de Guillén, quien cerró la audiencia de este martes. "Mi familia está devastada en este momento. Nos cambió la vida a todos. Es una agonía constante. Acoso, llamadas", agregó.

9- El rol de los sobreseídos

Era uno de los testigos clave y de los más esperados en el juicio por el asesinato de Fernando Báez Sosa. Sin embargo, luego de haber esperado hasta la decimoprimera audiencia para escuchar su testimonio, Alejo Milanesi se retiró este lunes de los tribunales de Dolores sin declarar.

Se trata de uno de los rugbiers y amigo de los imputados que fue sobreseído en febrero de 2020 de la causa por el crimen ocurrido el 18 de enero de ese año en la salida del boliche Le Brique, en Villa Gesell.

Tanto él como Juan Guarino -otro de los jóvenes presentes al momento del hecho, quien también fue desligado por no tener participación en el homicidio- tenían cita esa mañana para contar ante los jueces lo que sucedió aquel día.

Milanesi, antes de ingresar, dijo algo clave frente a os periodistas: "Vengo a ayudar para hacer justicia". Según estaba pautado, el primero en tomar la palabra durante la audiencia sería Juan Guarino. Luego llegaría su turno y en tercer lugar declararía Tomás Colazo, considerado el 11° rugbier que, a diferencia de los anteriormente mencionados, nunca fue detenido.

No obstante, cuando llegaba el turno de Milanesi, hubo un cambio de último momento: su declaración fue sorpresivamente desistida.

Se trató de una decisión conjunta entre el equipo de Fernando Burlando -representante de la familia Báez Sosa- y del de Hugo Tomei, defensor de los imputados. La misma fue informada pasadas las 15 horas.

10- En 20 años, nada igual

Claudio Alejandro Muñoz Claudio Alejandro Muñoz (47), jefe de seguridad del boliche Le Brique, dio detalles del brutal ataque sufrido por Fernando.

Sostuvo que "los rugbiers se turnaban: unos cubrían a los amigos y otros le pegaban a Fernando". Y que Máximo Thomsen "era el que más alterado estaba" cuando lo sacaron de la discoteca.

"Me marcan a Thomsen, uno de los que se estaba peleando. Cuando lo voy a agarrar para sujetarlo, me hizo tanta fuerza que no pude solo y me ayudó un compañero. Lo sacamos y se fue con los otros hacia la esquina", relató Muñoz. "Me concentré más en él (por Thomsen) porque era el que más alterado estaba. Yo soy grande y ni así lo pude contener", declaró.

"Nunca vi nada igual. Hace 20 años que laburo de esto y jamás vi una cosa así. Una saña brutal. Veía patadas, patadas y patadas", advirtió.

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