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Política

"Karina no lo autorizó". Milei desconfía de su gabinete y la toma de decisiones se reduce a un círculo cada vez más chico

Los ministros limitaron su exposición luego de las abruptas salidas de Ferraro, en Infraestructura, y Chiantore, en Salud; Nicolás Posse, Santiago Caputo y Karina Milei suman poder e influencia

“Esta es la versión final. Bueno, le falta una última mirada”, confesaba un alto funcionario días atrás, con una mezcla de resignación y realismo, en referencia a uno de los tantos borradores de la ley ómnibus que circularon en teléfonos celulares y despachos, antes de que los diputados comenzaran su tratamiento en el recinto.

Los protagonistas de esa última revisión del proyecto eran, claro está, el presidente Javier Milei; su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el jefe de gabinete, Nicolás Posse, y el asesor estrella Santiago Caputo. El círculo íntimo donde se toman las decisiones de la administración libertaria.

La desordenada y poco explicada salida del ministro de Infraestructura, Guillermo Ferraro, que durante días ni siquiera se hizo efectiva en el Boletín Oficial, no hizo más que ahondar el océano que separa al cuarteto ubicado en la cima del poder del resto de los integrantes del elenco gobernante, que oscilan entre visibles muestras de lealtad y el miedo a una furiosa represalia ante cualquier acto de supuesta rebeldía.

“No puedo hablar” y “Karina Milei no lo autorizó” son dos de las frases más escuchadas de boca de los funcionarios, ministros o de segundas líneas, dentro y fuera de la Casa Rosada, donde el dominio de “El Jefe”, como la llaman a Karina, es casi total. Algún empleado rebelde se animó al desafío en Balcarce 50 con una leyenda en una puerta de los baños de la Casa Rosada. “Karina Milei, deja de echar trabajadores”, decía el mensaje. Alguien se enteró y rápidamente el texto fue borrado. Apenas un detalle.

El temor de los ministros a decir algo inconveniente que le genere represalias, pequeñas o graves, se traduce en el silencio casi total luego de reuniones de gabinete o encuentros con el Presidente. Ferraro, por caso, dejó el Gobierno “por cuestiones personales,” según el comunicado oficial, aunque las versiones que circularon sobre su salida hablaban de una supuesta “filtración” de lo conversado en el gabinete por parte del empresario, de históricos buenos vínculos con el peronismo.

“Claramente no lo echaron por eso”, comentaron testigos de la cotidianeidad del trabajo de Ferraro, que nunca comulgó con Posse, quien también ganó más espacio con la designación de Gabriel Oriolo en reemplazo de Enrique Rodríguez Chiantore en la estratégica Superintendencia de Servicios de Salud, el ente a cargo de supervisar y administrar los fondos de las obras sociales sindicales y de las prepagas privadas. Fue curioso el silencio de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, sobre la intempestiva salida (vía Boletín Oficial, sin aviso previo) de Rodríguez Chiantore, uno de sus referentes en el área de salud. Mario Lugones, joven funcionario de la jefatura de gabinete, fue quien le confirmó al ya exfuncionario que su paso por la gestión pública había terminado.

Sin ministros que se animen a contradecir la política de silencio oficial, la comunicación queda, cada vez más, concentrada en el equipo que comanda el portavoz presidencial Manuel Adorni, que con sus conferencias de prensa diarias compensa el silencio que guía la actividad de Karina Milei, Posse y Caputo. El Presidente, eso sí, elige a menudo las redes sociales como vía de comunicación o concede alguna que otra entrevista a medios nacionales e internacionales que él mismo selecciona.

Con su clásico cigarrillo apagado en la boca y su andar confiado y sigiloso, el confirmado asesor Caputo, que por estos días trabaja en varios de los próximos discursos del Presidente, también hizo una clara ostentación de poder en la discusión con la oposición por la ley ómnibus, relegando a los dos negociadores designados. “(Guillermo) Francos y (Martín) Menem quedaron degradados, los bajaron un escalón, y eso es por orden de Milei”, contaban cerca de uno de los gobernadores que negoció con el ministro del Interior y el presidente de la Cámara de Diputados. El informante afirmó que el joven Caputo, aún sin manejar algunos temas puntuales de la discusión, dejó a Francos y Menem “con mucha responsabilidad, y poco poder”.

Esta semana, Francos debió negar ante el pleno del gabinete su supuesta oferta a los gobernadores para que envíen una “propuesta” en la coparticipación del Impuesto PAÍS, que el Gobierno negó de manera rotunda. Varios gobernadores enojados juraron que Francos sí hizo esa concesión, rápidamente relativizada por los voceros oficiales.

En relación a Menem, y si bien nunca dejó de tener a su cargo parte de la conversación con los bloques opositores, a los “pases de factura” por no haber conseguido un rápido acuerdo se le suma una merma en la confianza desde lo más alto del poder, que sigue siendo limitada. “Habla mucho con (Mauricio) Macri”, sostuvieron fuentes de La Libertad Avanza que conocen el pensamiento presidencial y el de su poderosa hermana.

“Milei va a hacer todo lo posible para no caer en manos de Mauricio. Hará lo que tenga que hacer para que eso no ocurra”, afirmó otro referente del gobierno libertario, que ve al ex presidente “esperando” una eventual orfandad política de Milei que lo obligue a negociar con él.

En medio de la desconfianza y las prevenciones, Milei y su primer círculo sostienen a leales probados como la canciller, Diana Mondino, el ministro de Economía, Luis Caputo, y la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, en su pelea con las organizaciones sociales. También al asesor sin cartera Federico Sturzenegger, el “padre” del mega decreto de necesidad y urgencia (DNU) y de la ley ómnibus, quien esta semana recorrió los pasillos de Balcarce 50 (anteojos oscuros, barba tupida, camisa celeste) buscando un despacho para ubicarse. “Tengo despacho…en Olivos”, bromeó Sturzenegger, sin detener su paso cuando alguien que lo reconoció le preguntó si había conseguido un lugar para establecerse.

Jaime Rosemberg

Fuente: LA NACION
Entretelones opinión Presidencia Milei intrigas palaciegas

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